Relacionamos la ortodoncia con jóvenes y adolescentes, pero lo cierto es que se puede resolver cualquier problema de oclusión o mala alineación dental a cualquier edad. Incluso con 30, 40 o 50 años. Te comentamos algunas cosas que es importante que conozcas sobre la ortodoncia en adultos.
La ortodoncia invisible ha llamado la atención de las personas adultas. Hasta hace poco, la ortodoncia era el patito feo de la odontología. Esos aparatos de alambres tan desagradables que los jóvenes debían ponerse en la boca para corregir desviaciones en la erupción de sus dientes y por los que era preciso pasar para tener una dentadura sana y bonita.
Todo cambió cuando se volvieron populares las férulas de ortodoncia invisible. Por fin se podían corregir los dientes desalineados por medio de un dispositivo cómodo de llevar, que pasaba prácticamente desapercibido. Este tratamiento novedoso animó a muchas personas, que ya habían dejado atrás la pubertad, a someterse a un tratamiento de este tipo.
Tratamientos para resolver problemas de desalineación dental que no se resolvieron en su momento y que han persistido en el tiempo, o que han ido apareciendo a posteriori. La dentadura es un órgano vivo. Está en continuo movimiento. LOS problemas de maloclusión dentaria o dientes que dejan de estar alineados pueden aparecer en cualquier etapa de nuestra vida.
Hay que señalar que, aunque la ortodoncia invisible ha cautivado a los adultos, no siempre es la opción más adecuada para resolver sus trastornos. Antes de comenzar cualquier tratamiento de ortodoncia, el especialista debe estudiar con detenimiento el estado del paciente. Aunque este haya pisado la clínica dental con una idea preconcebida, con un tratamiento en concreto al que se quiere someter, es la opinión del ortodoncista la que tiene la última palabra.
La revisión previa.
Dicen los ortodoncistas de Clínica Dental La Chicuela, una clínica dental de Cáceres que lleva más de 30 años prestando una atención personalizada y cercana a sus pacientes, que todo tratamiento de ortodoncia comienza con una evaluación completa de la boca del paciente. De manera que si se aprecia cualquier enfermedad: una caries, una gingivitis, una periodontitis, deben tratarse previamente.
En su canal de YouTube, la ortodoncista mexicana Dra. Elide Cuevas indica que en esta revisión previa se suelen realizar una serie de pruebas.
Como señala Elide, someterse a este proceso implica una inversión importante de tiempo y de recursos que debe contemplar tanto el estado actual de la dentadura como la posterior retención de por vida. Antes de colocar los brackets, es absolutamente necesario realizar una serie de pruebas diagnósticas indispensables. Si un profesional inicia un tratamiento sin solicitar estos estudios previos, advierte la especialista, se estaría trabajando «a ciegas» sin valorar adecuadamente el hueso y las estructuras internas del paciente.
El primer paso fundamental consiste en la obtención de modelos de estudio, que pueden elaborarse mediante una masilla especial en consulta o réplicas digitales. Estos moldes replican exactamente la arcada dentaria del paciente, permitiendo al ortodoncista planificar los movimientos milimétricos, calcular las correcciones necesarias y diagnosticar con precisión el tipo de maloclusión.
Resulta imprescindible un estudio radiográfico completo, compuesto principalmente por dos pruebas. Por un lado, la radiografía panorámica, que ofrece una visión general de toda la cavidad oral, permitiendo contar el número exacto de piezas dentales, detectar la presencia de dientes supernumerarios (de más) o ausencias congénitas (agenecias), identificar raíces con formas irregulares y descartar cualquier patología ósea oculta. Y, por otro lado, la radiografía lateral de cráneo, que permite analizar la relación entre el maxilar superior y la mandíbula. Gracias a esta radiografía, el especialista puede identificar alteraciones en la mordida, determinar si los dientes están correctamente posicionados dentro del hueso y diseñar un plan de tratamiento personalizado y seguro.
Con todo este reconocimiento previo y con las pruebas de diagnóstico por imagen, el especialista ya puede planificar el tratamiento y valorar qué tipo de ortodoncia es la más adecuada.
Es importante partir de que la ortodoncia es una varita mágica que funciona a la perfección para todo el mundo. No es un tratamiento universal. Hay que partir de las características y de la situación concreta del paciente para diseñar un plan personalizado.
Dejado esto claro, una vez el ortodoncista ha determinado que el adulto es apto para someterse a una ortodoncia, sigue el mismo procedimiento que un joven o adolescente.
La ortodoncia invisible.
Como ya hemos dicho, la ortodoncia invisible es el tratamiento de ortodoncia preferido por la población adulta. El que ha despertado su interés por esta rama de la odontología. Pero veamos qué es. ¿En qué consiste?
De una forma clara, la web de divulgación médica Top Doctors nos dice que la ortodoncia invisible consiste en corregir la alineación de los dientes y la estructura ósea que los sujeta, empleando dispositivos casi imperceptibles al ojo humano.
La modalidad más extendida dentro de la ortodoncia invisible es el uso de alineadores transparentes, unas férulas removibles confeccionadas a medida con materiales termoplásticos de alta calidad, como el policarbonato. Estas férulas personalizadas están diseñadas para adaptarse exactamente a la anatomía bucal de cada paciente, evitando molestias habituales como las rozaduras o heridas en las paredes internas de la boca.
El procedimiento comienza con la realización de un escáner dental en tres dimensiones. Esta tecnología digital capta miles de imágenes por segundo para obtener una réplica exacta de la boca del paciente, sustituyendo a las molestas tomas de impresiones que se realizaban en otro tiempo. A partir de este archivo digital, el especialista diseña una serie de alineadores progresivos, cada uno con sutiles modificaciones respecto al anterior. Con cada cambio de férula, que suele realizarse aproximadamente cada dos semanas bajo la supervisión del ortodoncista, se van aplicando ligeras fuerzas que desplazan los dientes de manera gradual hacia la posición deseada.
Entre sus ventajas indiscutibles destaca el hecho de que se trata de un sistema removible. El paciente puede quitarse los alineadores con total libertad para comer y lavarse los dientes, lo que facilita enormemente el mantenimiento de una óptima higiene bucodental al evitar que la comida quede atrapada entre alambres o piezas metálicas. Para garantizar la eficacia del tratamiento, se requiere que el paciente los lleve puestos al menos 22 horas al día. Aunque la duración global del proceso puede ser ligeramente superior a la de la ortodoncia convencional, oscilando habitualmente entre los 9 y los 18 meses, el sistema permite solucionar eficazmente problemas de apiñamiento dental, dientes separados o maloclusiones, ofreciendo un resultado final satisfactorio y estéticamente impecable.
Situaciones en las que no es recomendable la ortodoncia invisible.
De todos modos, como dice la Dra. Manuela Escobar en la revista Cuídate +, hay trastornos o problemas concretos que la ortodoncia invisible no puede resolver.
Para maloclusiones complejas, como la mordida cruzada, la mordida abierta o dientes que han emergido girados, la ortodoncia invisible no es suficiente para resolverlas. Ya que se necesitan movimientos dentales de gran magnitud o implica condicionantes particulares de la anatomía del paciente, donde la ortodoncia fija tradicional continúa siendo la opción más adecuada.
La mordida cruzada, donde los dientes superiores no encajan correctamente con los inferiores al cerrar la boca, y la mordida abierta, caracterizada por la falta de contacto entre las piezas de la arcada superior y los dientes inferiores, suelen estar vinculadas a un desarrollo óseo irregular de los maxilares o a un desequilibrio estructural de la mandíbula. En tales supuestos, el efecto biomecánico de las férulas removibles sobre la estructura ósea resulta limitado para lograr una corrección efectiva. Es necesario aplicar más fuerza y mejor controlada.
Por otro lado, cuando el problema del paciente requiere desplazar un bloque amplio de piezas dentales dentro de la arcada, la fuerza ejercida por los alineadores resulta insuficiente; los brackets permiten aplicar una presión más potente, constante y uniforme sobre toda la dentadura, garantizando un control biomecánico superior en movimientos de gran complejidad.
El estado general de la dentadura y ciertos hábitos funcionales también condicionan la viabilidad del tratamiento. En pacientes con bruxismo severo, la fricción y el apretamiento incontrolado de los dientes pueden deformar o desgastar el material de las férulas, anulando su eficacia y alterando la planificación del tratamiento.
Por otro lado, la edad del paciente constituye un factor determinante. Respecto a la población infantil, el profesor Khaled Kasem, investigador en Odontología de la Universidad de Barcelona, advierte que esta técnica “no está recomendada para menores que aún no han desarrollado completamente su dentadura”, puesto que la erupción de nuevas piezas y los movimientos dentales futuros podrían alterar sustancialmente los resultados planificados. Sin embargo, en el ámbito de los pacientes adultos existen importantes excepciones; tal como señala la ortodoncista Patricia Bratos, los alineadores invisibles “sí son una opción muy ventajosa para pacientes con problemas periodontales, ya que permiten una higiene dental mucho más efectiva que la ortodoncia fija”.
Otro asunto a tener en cuenta es la responsabilidad que implica colocarse estas férulas removibles. Cada vez que el paciente se las quite para comer o beber cualquier cosa, debe cepillarse los dientes y enjuagar la férula con agua tibia, para que no acumule placa bacteriana. Esta no es una cuestión que descarte a una parte de la población adulta, pero sí es una directriz de obligado cumplimiento que el paciente debe conocer antes de someterse al tratamiento.
Otros tratamientos de ortodoncia para adultos.
Por supuesto, la ortodoncia tradicional, que se ejerce mediante brackets, que son unos apósitos que hacen presión sobre los dientes uno a uno, gracias a la tensión regulada con un alambre, es aplicable para todos los adultos. Por suerte, en los últimos tiempos, se han desarrollado soluciones estéticas que hacen que estos aparatos sean menos llamativos. La revista Gaceta Dental nos explica los diferentes tipos de brackets que existen.
Dentro de estas soluciones estéticas de las que hablábamos, una que es bastante valorada por la comunidad ortodoncista son los brackets de cerámica o porcelana. Es una opción muy utilizada gracias a su tonalidad blanca, sumamente similar al color natural de los dientes, aunque el arco conector que los une siga siendo de metal. Es habitual colocarlos en la zona frontal de la sonrisa y combinar las secciones menos visibles con piezas metálicas tradicionales. Su principal atractivo reside en el discreto impacto visual que ofrecen durante el tratamiento, si bien presentan como mayor inconveniente una fragilidad superior frente a otros materiales.
Por su parte, la ortodoncia metálica fabricada en acero inoxidable se mantiene como la modalidad clásica y más utilizada debido a su gran resistencia mecánica y a su insuperable relación calidad-precio. Este sistema destaca por su capacidad para corregir todo tipo de problemas de alineación, mordida y posición, siendo además la alternativa más económica del mercado. No obstante, sus desventajas radican en su evidente presencia estética y en una mayor propensión a provocar rozaduras o llagas en el interior de la boca durante las primeras semanas de adaptación.
En un plano de máxima discreción se sitúan los brackets de zafiro, confeccionados con un cristal transparente que se mimetiza con la dentadura y ofrece un acabado estético impecable, especialmente en dientes de tonos claros. Este material destaca por ser tan resistente a las roturas y tan efectivo como el metal, generando menos molestias en la boca. Sin embargo, su coste resulta sensiblemente más elevado, el tamaño del bracket es ligeramente superior y la fricción propia del zafiro sobre el arco puede ralentizar sutilmente el movimiento dental.
En algunos adultos también se utiliza la ortodoncia lingual, que emplea piezas de acero fijadas exclusivamente en la cara interna de los dientes, permaneciendo completamente oculta a la vista. Esta técnica no solo garantiza una invisibilidad absoluta, sino que evita que posibles manchas o descalcificaciones derivadas de la higiene afecten a la parte visible de la dentadura, siendo altamente eficaz en la corrección de rotaciones dentales complejas. Como contrapunto, este sistema puede generar molestias temporales en la lengua y provocar ligeras dificultades en la pronunciación durante la fase de adaptación.
Con toda esta gama de opciones que tenemos, cualquier problema de maloclusión o mala alineación dental se puede resolver a cualquier edad.